1º Reyes 18:38 (NVI)
38En ese momento cayó el fuego del Señor y quemó el holocausto, la leña, las piedras y el suelo, y hasta lamió el agua de la zanja.
Esta semana estamos buscando el fuego que viene de Dios. Hay una historia en la biblia protagonizada por el profeta Elias, cuando confrontando con los profetas paganos les desafía a que el Dios verdadero se manifieste haciendo caer fuego.
Después de horas de rituales, danzas a los saltos como locos, laceraciones que les dejaban bañados en sangre y gritos desesperados de una multitud de sacerdotes del dios Baal, nada sucedió. Es que nada puede venir de un dios falso.
Cuando los sacerdotes del dios falso se cansaron de intentarlo llegó el turno del profeta Elías. Pidió a la gente que se acercara, reparó el altar del Señor que estaba derrumbado, puso las piedras, construyó una zanja alrededor del altar, acomodó la leña, trajo el animal del sacrificio y lo puso encima. Finalmente hizo verter agua encima hasta llenar las zanjas que había cavado.
El detalle del agua es importante, tras años de sequía era lo más valioso que tenían. Elías oró y el fuego cayó del cielo, consumió hasta la piedras y lamió el agua. Dios respondió al sacrificio que se le presentó en su honor. Esta historia, entre muchas otras cosas, nos enseña algo importante: Para que caiga el fuego, debe haber primero un sacrificio.
¿Qué estas dispuesto a entregarle al Señor? ¿Como es tu entrega en este tiempo? Muchas veces queremos tener el fuego de Dios en nuestra vidas pero no estamos dispuestos a sacrificar nada.
Nuestra salvación costó el sacrificio de Jesús en la cruz, para ser salvo no tienes mas que aceptar ese sacrificio por la fe. Pero si quieres ver el fuego de Dios en tu vida, tendrás que reparar el altar, traer leña, poner el cordero y derramar el agua. Cada una de las cosas que hizo Elías significaron esfuerzo, tiempo, dinero y asumir el riesgo de la fe.
¿Cual es tu sacrificio? Prepáralo, porque Dios quiere enviar su fuego para manifestar su presencia poderosa en tu vida.

