Éxodo 3:2–5 (NVI)
2Estando allí, el ángel del Señor se le apareció entre las llamas de una zarza ardiente. Moisés notó que la zarza estaba envuelta en llamas, pero que no se consumía,
3así que pensó: «¡Qué increíble! Voy a ver por qué no se consume la zarza.»
4Cuando el Señor vio que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: —¡Moisés, Moisés! —Aquí me tienes—respondió.
5—No te acerques más—le dijo Dios—. Quítate las sandalias, porque estás pisando tierra santa.
Moises, cuando era funcionario egipcio, mató a un soldado que abusaba de su autoridad maltratando a sus compatriotas en esclavitud. Ni sus compatriotas, ni mucho menos los egipcios toleraron su acción, por ambos grupos fue cuestionado. Esta situación le obligó a a huir. Habían pasado muchos años de esta experiencia, Moisés se encontraba ahora cuidando las ovejas de su suegro.
Mientras estaba en el campo, algo llamó su atención, vio un fuego, esto podría haber sido algo normal, una zarza estaba ardiendo, lo extraño es que no se consumía. Entre las llamas, el Señor se le apareció. El fuego que atrajo a Moisés y en el que Dios se manifestó, fue el que le permitió oír la voz de Dios y conocer su voluntad.
Nosotros necesitamos aprender a escuchar a Dios. Solamente si oímos su voz podremos conocer su voluntad. En el fuego de Dios hay revelación. La obra del Espíritu Santo incluye guiarnos a toda verdad. A veces nos pasa como a Moises, lo intentamos en nuestra fuerzas, queremos hacer lo correcto, a nuestra manera, pero esa no es la manera de Dios. El Señor le dijo que se quitara sus sandalias porque el lugar era santo, las sandalias pueden simbolizar todo lo que había andado Moises para llegar hasta ese lugar. Si iba a escuchar algo nuevo, debía dejar atrás lo que había vivido, sus fracasos, sus miedos, las incertidumbres y su propia manera de pensar.
Cuando el fuego del Espíritu Santo viene a nuestra vida, trae con él también la voz del Señor. Así como Moisés se acercó, se quitó sus sandalias y escuchó a Dios, nosotros necesitamos que Dios nos hable. No es difícil escuchar al Señor. Solo hace falta un corazón dispuesto, la humildad de reconocer que no lo sabemos todo y que nuestros planes no siempre son los mejores.
El Espíritu Santo es un fuego revelador. Nos ayuda a conocer la voluntad del Padre y quiere darnos instrucciones precisas de cómo debemos actuar y qué cosas debemos hacer. ¿Estás escuchando a Dios?¿Ha traído su fuego revelación acerca de su plan para ti?.
Acércate la zarza, está ardiendo, quítate las sandalias que te han traído hasta este lugar, porque Dios quiere decirte algo nuevo.