Buscar la gloria de Dios
Éxodo 33:18–23 (RVR60)
18El entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria.
19Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.
20Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá.
21Y dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña;
22y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado.
23Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro.
Entre las muchas cosas que había aprendido Moisés desde que el Señor se le apareció en una zarza ardiente, estaba la convicción de que sin la presencia de Dios no podría cumplir con el propósito que le había sido encomendado.
Moisés anhelaba la gloria de Dios. Buscaba su presencia no por capricho ni por curiosidad, era pura necesidad, incluso llega a decirle: “Si tú mismo no vienes con nosotros, no nos hagas salir de este lugar.” (Ex. 33:15).
¿Somos conscientes de nuestra necesidad de la presencia de Dios? Su gloria es el reflejo de su hermosura, su santidad, su gracia. Buscar su gloria es buscarle a Él. Se trata de querer escucharle, de buscar conocerle más cada día. Es el deseo ardiente del corazón que reconoce a su creador y salvador.
Nadie puede mirar cara a cara a Dios y vivir para contarlo, sin embargo Dios le mostró a Moisés un lugar donde podría ser impactado por la Gloria de Dios: escondido en la roca. Creo que estamos ante un símbolo profético de la Roca que es Cristo, cuando nos escondemos en Él, podemos contemplar la Gloria de Dios. Cómo dice el apóstol: “Pues ustedes han muerto a esta vida, y su verdadera vida está escondida con Cristo en Dios.” (Colosenses 3:3, NTV)
Busquemos estar en Cristo para ver su gloria y experimentar su presencia, porque solo revestidos del poder de Su gloria, podremos cumplir su propósito para nuestra vida. Oremos juntos hoy como oró Moisés: "Te ruego que me muestres tu Gloria."