Ora y lee:
Hechos de los Apóstoles 7:1-3,47-60 (NVI)
1 —¿Son ciertas estas acusaciones?—le preguntó el sumo sacerdote. 2 Él contestó: —Hermanos y padres, ¡escúchenme! El Dios de la gloria se apareció a nuestro padre Abraham cuando éste aún vivía en Mesopotamia, antes de radicarse en Jarán. 3 “Deja tu tierra y a tus parientes—le dijo Dios—, y ve a la tierra que yo te mostraré.” … 47 Pero fue Salomón quien construyó la casa. 48 »Sin embargo, el Altísimo no habita en casas construidas por manos humanas. Como dice el profeta: 49 »“El cielo es mi trono, y la tierra, el estrado de mis pies. ¿Qué clase de casa me construirán? —dice el Señor—. ¿O qué lugar de descanso? 50 ¿No es mi mano la que ha hecho todas estas cosas?” 51 »¡Tercos, duros de corazón y torpes de oídos! Ustedes son iguales que sus antepasados: ¡Siempre resisten al Espíritu Santo! 52 ¿A cuál de los profetas no persiguieron sus antepasados? Ellos mataron a los que de antemano anunciaron la venida del Justo, y ahora a éste lo han traicionado y asesinado 53 ustedes, que recibieron la ley promulgada por medio de ángeles y no la han obedecido. 54 Al oír esto, rechinando los dientes montaron en cólera contra él. 55 Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo y vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios. 56 —¡Veo el cielo abierto—exclamó—, y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios! 57 Entonces ellos, gritando a voz en cuello, se taparon los oídos y todos a una se abalanzaron sobre él, 58 lo sacaron a empellones fuera de la ciudad y comenzaron a apedrearlo. Los acusadores le encargaron sus mantos a un joven llamado Saulo. 59 Mientras lo apedreaban, Esteban oraba. —Señor Jesús—decía—, recibe mi espíritu. 60 Luego cayó de rodillas y gritó: —¡Señor, no les tomes en cuenta este pecado! Cuando hubo dicho esto, murió.
Reflexiona:
Leemos el comienzo y el final de un mensaje en el Esteban, uno de los flamantes diáconos de la incipiente iglesia, habla del amor y la búsqueda de Dios por su pueblo, y también la rebeldía constante de estos. Con valentía estaba siendo un testigo de la obra de Jesús. La palabra testigo en griego es literalmente “mártir” (martur). Con el tiempo, por hombres y mujeres como Esteban, la palabra “mártir” comenzó a usarse para referirse a aquellos daban su vida por lo que creían y predicaban.
Esteban se convirtió en el primer “mártir” de la iglesia. Sería el primero de muchos. A lo largo y ancho del mundo y de la historia, tenemos hermanos y hermanas que dieron y siguen dando su vida para testificar de Cristo.
Esteban nos enseña lo que un testigo es, todo su testimonio habla de su Señor. Su vida llena del Espíritu, su fe, sus obras de amor (6:5,8), sus palabras, sus miradas (6:15), su espíritu perdonador (7:60), su muerte violenta. Un siervo de Dios que testificó con su vida y su muerte por el poder de Espíritu Santo.
Al matar a Esteban, quienes lo hacían estaban afirmando que todo lo que él les había estado diciendo de su ancestros ahora era realidad en ellos. Se taparon los oídos a la hora de apedrearle, como quién no quiere seguir escuchando, pero sus corazones ya estaban sordos.
Saulo de Tarso estaba allí. Que duro habrá sido para aquel al que luego Dios llamaría Pablo, cargar en su conciencia con la sangre de un hermano suyo. Pablo había recibido un mensaje que nunca olvidaría, de hecho en el futuro lo iba a imitar, él también sería un testigo, un mártir. ¿Cómo es tu vida de testimonio?
Acciona:
Aparta un tiempo para orar por las fuerzas del orden en tu ciudad (Ejército, Policía, etc)
Declara:
Pondré mis ojos en Cristo, él será mi fortaleza y mi sustento.