DÍA 27

Escrito el 11/04/2024
Dayan Barboza


 

Ora y lee: 

Hechos de los Apóstoles 1:1–11 (NVI)

1 Estimado Teófilo, en mi primer libro me referí a todo lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar 2 hasta el día en que fue llevado al cielo, luego de darles instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido. 3 Después de padecer la muerte, se les presentó dándoles muchas pruebas convincentes de que estaba vivo. Durante cuarenta días se les apareció y les habló acerca del reino de Dios. 4 Una vez, mientras comía con ellos, les ordenó: —No se alejen de Jerusalén, sino esperen la promesa del Padre, de la cual les he hablado: 5 Juan bautizó con agua, pero dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo. 6 Entonces los que estaban reunidos con él le preguntaron: —Señor, ¿es ahora cuando vas a restablecer el reino a Israel? 7 —No les toca a ustedes conocer la hora ni el momento determinados por la autoridad misma del Padre—les contestó Jesús—. 8 Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra. 9 Habiendo dicho esto, mientras ellos lo miraban, fue llevado a las alturas hasta que una nube lo ocultó de su vista. 10 Ellos se quedaron mirando fijamente al cielo mientras él se alejaba. De repente, se les acercaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: 11 —Galileos, ¿qué hacen aquí mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido llevado de entre ustedes al cielo, vendrá otra vez de la misma manera que lo han visto irse.

 

 

Reflexiona:

Jesús había resucitado y sus discípulos querían saber cómo seguir. Durante cuarenta días, Jesús se les apareció y les enseñaba acerca del Reino de Dios, pero ellos todavía tenían muchas dudas e inquietudes acerca del futuro. Jesús enseñó que hay cosas que no nos competen a nosotros, que le pertenecen a Dios; pero en aquello que sí nos compete, es imprescindible disponer de su poder.

 

¿Qué era entonces lo que sí debían saber los discípulos y debemos saber nosotros? Básicamente dos cosas:

 

1. Recibiréis poder del Espíritu Santo Que es la promesa del Padre Dios, y es lo que nos capacita para la tarea que nos encomienda el Señor. No podremos hacer la obra de Dios sin la ayuda del Espíritu Santo.

 

2. Me seréis testigos. ¿Qué es un testigo? Un testigo es alguien que se limita a decir lo que vio, lo que vivió, que relata su propia experiencia.

 

Tú eres un experto en tu vida. Nadie puede ser mejor testigo de tu vida que tú mismo. Sólo tú puedes contar con pasión lo que te pasó, el cambio que Dios operó en tu interior, porque tú eres la autoridad en tu vida, no algún pastor o algún sacerdote ni ninguna otra persona. Por eso Dios dice que lo único que quiere es que le contemos a los demás lo que nos sucedió, lo que pasó en nuestra vida. Y nos dice que quiere que vayamos por todos lados, que se lo contemos a las personas de nuestro círculo, a los cercanos, a los que están más lejos y a todo el que se nos cruce por delante.

 

Sólo debían esperar, no serían demasiados días. No sé en qué medida los discípulos entendieron esto. Al ver ascender a Jesús hasta que una nube le ocultó, se quedaron mirando al cielo. Dos varones con vestiduras blancas se les pararon al lado y la pregunta era más bien para que reflexionen: “¿Qué hacéis mirando al cielo?”.  Jesús volverá.

 

Lo importante es no quedarnos mirando al cielo, nuestra tarea comienza por nuestra propia Jerusalén. Lo importante es recibir poder del Espíritu Santo y el propósito de ese poder es claro: Ser testigos. ¿Estas dando tu testimonio a otros?…

 

 

Acciona:

Ponte de acuerdo con algún hermano y vayan a orar juntos por alguien que necesite un milagro. 

 

 

Declara:

Mi fuerza viene del Señor, él me sostiene y guía mi vida.