Ora y lee:
Juan 14:15–31 (NVI)
15 »Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos. 16 Y yo le pediré al Padre, y él les dará otro Consolador para que los acompañe siempre: 17 el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes sí lo conocen, porque vive con ustedes y estará en ustedes. 18 No los voy a dejar huérfanos; volveré a ustedes. 19 Dentro de poco el mundo ya no me verá más, pero ustedes sí me verán. Y porque yo vivo, también ustedes vivirán. 20 En aquel día ustedes se darán cuenta de que yo estoy en mi Padre, y ustedes en mí, y yo en ustedes. 21 ¿Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece. Y al que me ama, mi Padre lo amará, y yo también lo amaré y me manifestaré a él. 22 Judas (no el Iscariote) le dijo: —¿Por qué, Señor, estás dispuesto a manifestarte a nosotros, y no al mundo? 23 Le contestó Jesús: —El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda en él. 24 El que no me ama, no obedece mis palabras. Pero estas palabras que ustedes oyen no son mías sino del Padre, que me envió. 25 »Todo esto lo digo ahora que estoy con ustedes. 26 Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho. 27 La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden. 28 »Ya me han oído decirles: “Me voy, pero vuelvo a ustedes.” Si me amaran, se alegrarían de que voy al Padre, porque el Padre es más grande que yo. 29 Y les he dicho esto ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean. 30 Ya no hablaré más con ustedes, porque viene el príncipe de este mundo. Él no tiene ningún dominio sobre mí, 31 pero el mundo tiene que saber que amo al Padre, y que hago exactamente lo que él me ha ordenado que haga. »¡Levántense, vámonos de aquí!
Reflexiona:
Sólo hay una forma de mostrar el amor a Dios: La obediencia. El amor a Dios es mucho más que un sentimiento: es acción. Jesús sabe que no tenemos el poder suficiente para amar así a Dios, y no nos dejaría solos, enviaría al “paracleto”, termino griego que a veces se traduce en español como “consolador”, pero que literalmente significa: “alguien a quien se llama para estar al lado”. Esta palabra se usaba para muchas cosas, por ejemplo: para mencionar cuando se llamaba a un abogado para la defensa, o cuando se llamaba a algún experto para recibir consejo en una situación determinada. Lo cierto es que el término “al que se llama para estar al lado” es utilizado para describir al Espíritu de verdad (v.17) que Jesús pediría al Padre para nosotros.
Jesús enseña algunas cosas sobre la persona del Espíritu Santo que son importantes de considerar:
Que vendría para ser nuestro “ayudador” en cualquier situación o necesidad. Podemos contar con el Espíritu Santo, recibir su consuelo, su fortaleza, su sabiduría, lo que sea que necesitemos en nuestra suprema tarea de amar a Dios.
Que estaría con nosotros siempre. No estamos solos jamás, Él sabe que no podemos hacer la tarea solos, y siempre estará a nuestro lado.
Que el mundo no le puede reconocer. El mundo es la gente que ha decidido vivir de espaldas a Dios, como si él no existiera, la gente que ha organizado su vida al margen de Dios, lo cual es una gran ilusión, porque aunque no quieran verlo, Él está allí. Esta realidad es igual para aquellos que de palabra se confiesan cristianos, pero viven para este mundo, olvidando que están de paso por aquí y cuál es su misión aquí en la tierra.
Que nos enseñaría todas las cosas. Amar a Dios será un desafío diario, donde nunca podremos decir que ya lo sabemos todo. Nuestra necesidad permanente de aprender y crecer esta solventada por Su presencia, que en cada situación estará para enseñarnos cómo hacerlo.
Que nos recordaría las promesas y enseñanzas de Jesús. El discipulado de Cristo seguirá vigente por medio de su Espíritu, podremos ser enseñados por él. A veces pensamos que los doce discípulos que el Señor escogió tuvieron alguna ventaja, pero lo cierto es que con el Espíritu Santo ahora estamos en igualdad de condiciones. ¡Qué privilegio!
¿Estas siendo discipulado por el Espíritu Santo?…
Acciona:
Acude al templo, media hora antes del culto de adoración, si es posible hazlo con tu familia, y dedica un tiempo a orar pidiendo que la presencia de Dios se manifieste y nos hable como pueblo.
Declara:
Me dejaré guiar por el Espíritu Santo, seré un verdadero discípulo de Jesús por medio de su Espíritu en mí.