DÍA 20

Escrito el 11/04/2024
Dayan Barboza


 

Ora y lee:

Salmo 42 (NVI)

Al director musical. Masquil de los hijos de Coré. 1 Cual ciervo jadeante en busca del agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser. 2 Tengo sed de Dios, del Dios de la vida. ¿Cuándo podré presentarme ante Dios? 3 Mis lágrimas son mi pan de día y de noche, mientras me echan en cara a todas horas: «¿Dónde está tu Dios?» 4 Recuerdo esto y me deshago en llanto: yo solía ir con la multitud, y la conducía a la casa de Dios. Entre voces de alegría y acciones de gracias hacíamos gran celebración. 5 ¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios! 6 Me siento sumamente angustiado; por eso, mi Dios, pienso en ti desde la tierra del Jordán, desde las alturas del Hermón, desde el monte Mizar. 7 Un abismo llama a otro abismo en el rugir de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas se han precipitado sobre mí. 8 Ésta es la oración al Dios de mi vida: que de día el Señor mande su amor, y de noche su canto me acompañe. 9 Y le digo a Dios, a mi Roca: «¿Por qué me has olvidado? ¿Por qué debo andar de luto y oprimido por el enemigo?» 10 Mortal agonía me penetra hasta los huesos ante la burla de mis adversarios, mientras me echan en cara a todas horas: «¿Dónde está tu Dios?» 11 ¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!

 

 

Reflexiona:

Al escribir este salmo, su autor probablemente se hallaba desterrado en alguna región montañosa y seca del noreste del Jordán. No lo podemos afirmar, pero seguramente vio a los venados de la zona gemir por no encontrar agua, sonidos desgarradores que pronto comparó con un grito de su propia alma: “Cual ciervo jadeante en busca del agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser.”

 

Esta expresión, esta comparación, sólo puede surgir de aquel cuyo corazón ama y anhela a Dios, de una persona con una fe profunda, que va mas allá de una necesidad física o material, es un grito del alma. Es la expresión del deseo de una comunión con Dios más intensa.

 

Dice: “mi alma tiene sed del Dios vivo”. Cuando alguien experimenta la comunión con Dios, nunca más podrá sentirse satisfecho sin ella. Cuando algo se interpone en esa relación de comunión, la tristeza invade el alma del adorador.

 

¿Has sentido esa sed? ¿Has tenido ese deseo? Debemos buscar a Dios, sentir necesidad de él, desearle, anhelarle. Pero este deseo no estará presente si no apartamos tiempo intencionalmente para estar en su presencia. 

 

Muchas veces nuestra indiferencia nos priva de la manifestación de la presencia de Dios. No tenemos más porque no buscamos más. No podemos conformarnos con una relación superficial de “buenos días”, “Buenas noches”. Necesitamos más, podemos tener más, el Señor nos ha abierto la puerta a su presencia, y nos espera. 

 

El salmista se preguntaba ¿Cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?, él se refería a poder ir al templo, al lugar señalado para traer ofrendas y adorar. ¿Cuándo fue la última vez que “te morías de ganas” de estar con Dios?... 

 

 

Acciona:

Toma una Biblia, y algo para tomar notas. Separa hoy una hora o más de tu tiempo, busca un lugar apartado y habla con Dios. Toma nota de lo que te diga.

 

 

Declara:

Buscaré a Dios con todo mi corazón, Él será mi mayor deseo, la prioridad número uno de mi vida.