DÍA 24

Escrito el 11/04/2024
Dayan Barboza


 

Ora y lee:

Romanos 8:5–27 (NVI)

5 Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. 6 La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. 7 La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. 8 Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. 9 Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. 10 Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. 11 Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. 12 Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. 13 Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. 14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. 15 Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: «¡Abba! ¡Padre!» 16 El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. 17 Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. 18 De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. 19 La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, 20 porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza 21 de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. 22 Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. 23 Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. 24 Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? 25 Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. 26 Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. 27 Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios.

 

 

Reflexiona:

No podemos prescindir del Espíritu Santo. No hay otra manera de vivir la vida cristiana. Sólo por medio de su presencia en nosotros podremos vivir una vida victoriosa. Este pasaje nos revela mucho sobre la obra del Espíritu Santo en el creyente.

 

Por medio del Espíritu Santo que:

    • Vencemos al pecado y a la muerte.
    • Recibimos vida y paz.
    • Podemos agradar a Dios.
    • Triunfamos sobre nuestra naturaleza pecaminosa.
    • Podemos hacer morir en nosotros los malos hábitos de nuestra vieja naturaleza.
    • Triunfamos sobre el miedo.
    • Podemos llamar a Dios “Papá”.
    • Tenemos convicción de ser hijos de Dios.
    • Nos sabemos herederos de Dios y coherederos con Cristo.
    • Recibimos las primicias de la gloria venidera.
    • Tenemos esperanza en la redención de nuestro cuerpo.
    • Se nos enseña a orar como conviene.
    • Se nos enseña la voluntad de Dios.

y además el mismo Espíritu intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras.

 

Ningún creyente en su sano juicio puede leer este pasaje e ignorar que necesita depender del Espíritu Santo. Sin embargo muchas veces caminamos y luchamos sin contar con Él. De esa manera “entristecemos” Su presencia en nosotros, porque ignoramos su voz. Necesitamos caminar en la plenitud del Espíritu cada día.  ¿Cómo es tu comunión con Él?...

 

 

Acciona:

Aparta un tiempo de adoración, y aunque desafines cántale al Señor, pide ser lleno del Espíritu Santo.

 

 

Declara:

Por medio del Espíritu Santo haré morir los malos deseos en mi vida, vivo sujeto al Espíritu Santo de Dios.